Hacer lo correcto por el motivo equivocado.
En los 2000s, el gobierno de mi estado empezó a multar con mano dura a quienes no usaran el cinturón de seguridad.
La ley federal lo exigía desde años atrás, pero nunca se había aplicado en serio.
Muchos carros no tenían cinturón de seguridad de fábrica. Adaptarlos era costoso y urgente.
Hasta ahí, todo bien.
El problema apareció después: un familiar de alguien en el gobierno había creado, meses antes, una empresa dedicada exactamente a instalar cinturones de seguridad en esos carros.
¿Resultado?
- Se usaron más cinturones
- Se salvaron vidas
- El negocio floreció
La política pública “funcionó”.
Entonces viene la pregunta incómoda:
¿Eso la hace correcta?
Porque cuando normalizamos “hacer lo correcto” mientras nos beneficiamos directamente, dejamos un precedente peligroso: que el poder puede justificarse a sí mismo si el resultado es bueno.
El fin puede haber sido noble.
El resultado, positivo.
Pero la intención importa.
Y cuando eres líder, la intención siempre importa.
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