No sabes estimar proyectos, pero aun así hazlo.
Cuando estudiaba en la universidad, las materias de Ingeniería de Software eran las que más me aburrían: estimación, calidad, pruebas, planeación... ¡Uff, solo escribirlo ya me hace bostezar!
Tan pronto como entré en la industria, me di cuenta de algo: ¡todos mis managers o líderes me pedían fechas! Siempre pensaba: “Vato… las tendré cuando las tenga”. (En esos momentos, también odié a mi yo del pasado por no haber prestado atención en esas clases).
A base de prueba y error, preguntando a séniors, basándome en proyectos pasados o adivinando, fui aprendiendo a estimar (y odiando que me lo preguntaran).
Tal vez es mi cultura mexicana y experiencia, pero siempre pensé que las fechas eran mi sentencia de muerte: un compromiso que debía cumplir sí o sí, tan aleatorio como lanzar una moneda al aire, y que me obligaba a trabajar horas extras…
Con el tiempo y la experiencia, me di cuenta de algo: ¡esas fechas eran lo mejor que mi yo procrastinador podía tener! Para alguien como yo, que dejaba todo para el final, tener un límite me obligaba a no postergar, y comencé a aplicar un método:
Dar estimaciones cortas y manejables:
- Estimar una tarea pequeña.
- Estimar el tiempo que tomaría investigar cómo resolver un problema.
- Estimar el tiempo para encontrar la causa raíz de un problema.
- Estimar incluso una fecha en la que podría dar una estimación.
Finalmente, entendí un último truco que consolidó mi amor por este método: Shit happens! No importa cuánto estimes, las cosas son tan complejas que siempre habrá imprevistos: reuniones urgentes, enfermedades, equipos que no entregan a tiempo, problemas no previstos, bugs, deuda técnica, etc. ¡Y está bien! Esa es tu respuesta cuando no llegues a tiempo, solo documenta y explica lo ocurrido.
Al final, se llama estimación, no adivinación 😛
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